
A continuación voy a compilar distintas notas de prensa, NO es mi opinión ni la de ningúna persona de la agrupación.Nosotros vamos a escribir impresiones propias la semana que viene pasados los recitales.
Fue el primer show bajo techo de la banda tras la tragedia de Cromañón. El recital convocó a unos nueve mil fans en el estadio Orfeo. Esta noche, la segunda gala.
El grupo Callejeros realizó anoche ante un estadio Orfeo Superdomo repleto, el primero de los dos recitales en esa ciudad.El show fue el primero que ofreció la banda en un recinto cerrado, luego de la trágica noche de Cromañon de diciembre de 2004.El grupo liderado por ’Pato’ Fontanet, actuó ante unos nueve mil seguidores que se dieron cita en el Orfeo, quienes disfrutaron con cada una de las canciones, de un amplio número de temas, que componen gran parte del repertorio de la banda.
Cuando se escuchó ’Una nueva noche fría’, fue el momento de mayor explosión de los fanáticos, en las casi dos horas y media que tuvo el show.
El público que asistió a la cita cordobesa, era en su mayoría jóvenes, aunque se pudo observar a algunos adultos disfrutando del espectáculo.
El Tribuno, Salta Capital
Una noche fría en el Orfeo
La cabellera sobre los hombros desnudos de una rubia gigante dibujada en tela, sedujo desde el techo al piso del escenario. La promesa se hizo realidad cuando una mujer real, Estela Carbone, entibió con la voz y el baile una nueva noche fría que los Callejeros pasaron con éxito en Córdoba.
Y es que la banda sigue llenando estadios. Como lo hizo en el Cosquín Rock, en el Chateau Carreras, y anoche en un espacio cerrado, por primera vez desde diciembre de 2004. Aunque sobre el trágico incendio de Cromañón, que los complica judicialmente, no diga una palabra. O diga pocas, como las de este sábado, durante la primera de las dos presentaciones del fin de semana en el superdomo Orfeo: “Estamos en un lugar cerrado, imaginen cómo ando”, susurró Patricio Santos Fontanet en uno de sus pocos diálogos con el público enfervorizado.
A los casi nueve mil asistentes, sobretodo a los más jóvenes, les suena familiar ese recuerdo y, si bien algunos visten las remeras amarillas que dicen “Basta de culpar a Callejeros”, lo que les importa es cantar y bailar; respetar la consigna de “nada de pirotecnia” y gozar en compañía de amigos, hijos o pareja los acordes más genuinos del rock barrial.
De ese disfrute se trató la noche, cuando más de treinta canciones en una seguidilla de hits dibujaron la sonoridad del pogo. El show arrancó pasadas las 19.20 con Sueños, y terminó diez minutos antes de las 22 con 9 de julio. Hubo buenas luces, pantalla gigante y un coro de fanáticos que por momentos opacaba la voz del ahora muy delgado y siempre vestido de negro “Pato”.
Con un repertorio conocido y efectivo, la banda le ofreció al público lo que buscaba: las gradas del Orfeo parecían seguir la onda expansiva de un terremoto que venía de los parlantes; y hasta el más curioso pudo saciar sus ganas de buscar los más intricados diseños para las remeras y banderas con el logo de la banda.
Lo mejor vino con el tango. El bandoneón y la voz arrabalera de Juan Carbone dieron brillo costero al escenario y, a un mes de las elecciones en Córdoba, no fue casual que la multitud aplaudiese la frase: “No existe más iluso que el iluso que aún espere que la mano, se la dé el que lo gobierne” (Fantasía o realidad).
Sobre el final, Fontanet agradeció: “Estamos muy contentos de estar acá en Córdoba. Otro día les cuento, pero no saben lo importantes que son”. Flequillos prolijos, pañuelos al cuello, pantalones jardineros, chicos y chicas sentados en el piso tomando una birra y haciendo el aguante. El folklore está intacto.
Córdoba.Net
Patear el sistema
Esta vez hubo juegos de luces, dos pantallas gigantes y un set de vientos que en una canción (una sola entre casi treinta) pareció animarse a algo más. Hasta Estela Carbone, la corista, ensayó unos pasos de flamenco con vestido y todo. Pero lo de Callejeros carece de sorpresa y anoche no fue la excepción.
¿Hay que decir entonces que las 8.300 personas que saltaron, gritaron y cantaron en el Orfeo estaban viendo otro show? No. Los seguidores de la banda están y estarán porque no van a buscar sorpresa, o mejor dicho, van a buscar lo que Callejeros les dé.
Por eso cuesta entender la falta de riesgo artístico o de vuelo escénico. Asumir que se es una banda de estadios implica ciertas responsabilidades, entre ellas desplazar el verdadero espectáculo desde el público –lugar en el que “Pato” Fontanet y compañía insisten en centrarlo– al escenario.
Claro que es más costoso en términos económicos e implica un diseño del vivo que los de Villa Celina no tienen, pero les sobra respaldo (dos Orfeos casi llenos no mienten) para demostrar que además de músicos encasillados en el “rocanrol”, también pueden ser artistas en sentido más amplio.
No se trata de disfrazar nada con artificios sino de algo de creatividad a la hora de presentar una puesta en vivo que pretende abarcar más de dos horas y termina volviéndose monotemática y tediosa. Y no vale la excusa de que para eso el público debería pagar su entrada más cara, al menos no en el caso de una banda que vendió su último disco a 45 pesos.
“Yo sólo quiero patear el sistema”, rezaba una de las tantas banderas colgadas anoche en las barandas del domo, citando a Fontanet. Patear el sistema también sería romper con la demagogia de ofrecer un recital exclusivo para fanáticos. Patearlo bien fuerte sería sorprender a la prensa y a los medios (a los que la lírica “callejera” apunta sus dardos) con un espectáculo que exceda la reproducción lineal de las canciones que ya están en los discos. ¿Lo harán alguna vez?
La voz del interior, Córdoba